Friday, November 15, 2013

LA CARGA SUICIDA DE LA BRIGADA LIGERA

Primeros días de noviembre del año 1894, las noticias llegan a las islas británicas a través del periódico londinense Times, el primer corresponsal de guerra civil, William Howard, comentaba, estremecido, la carga de unos heroicos y locos caballeros, era la carga suicida de la brigada ligera durante la guerra de Crimea, el suceso estremeció de tal manera que desde entonces entraron en la fama, entraron en la gloria y hoy son motivo de recuerdo aquí, en Wikihistoria.

Carga de la Brigada Ligera en Balaclava (1855), ilustrando la carga en el «Valle de la muerte» desde la perspectiva rusa.



25 de octubre de 1894, la Brigada Ligera de Caballería Británica, al mando de Lord Cardigan, recibe las órdenes de enfrentarse a una posición de artillería rusa situada al final de un gran valle, toda ella protegida a sus alrededores por más baterías y unidades usares de infantería. La caballería, únicamente armada con sables, y mermada por las enfermedades cuenta con tan solo 673 jinetes frente a 20 batallones de infantería y 50 piezas de artillería de los rusos. Se toma la decisión, y la disciplina británica interviene una vez más en el campo de batalla.
Esta carga sería la primera de la caballería sin el apoyo de la infanteria ni artilleria, se iban a enfrentar solos contra artillería pura y dura.
Cardigan ordenó montar a sus jinetes, eran las 11:20 de la mañana, comenzaba la carga más gloriosa, más heroica y más inútil que vieron los tiempos. La distancia entre la Brigada de Caballería Ligera y los cañones de los rusos era de 2.5 km, la caballería se pondría a tiro al llegar a los 900 metros de distancia.
Los jinetes británicos comenzaron la carga, ocupando 300 metros de anchura, los hombres, asustados en su interior pero decididos en su exterior reciben las primeras descargas de cañones, el impacto es brutal, se calcula que los rusos fueron capaces de recargar de 7 a 9 veces los cañones. En ese corto tramo de recorrido, vieron como todas sus principales primeras filas iban cayendo una tras de otra, las balas hacían estragos en las filas de caballeros.
Lord Cardigan daba una orden tajante:
-¡Que ninguno de los lanceros, ninguno de los usares ni ninguno de los dragones me adelante!
Los jinetes hostigados por los cañones llegaron a 500 metros del objetivo, comenzó el trote de los caballos del trote pasaron al galope, desenvainaron las espadas, seguían cayendo como moscas, a 180 metros la decisión es unánime:
-¡Al ataque acabemos con ellos!
Todavía quedaban jinetes, la desbandada de los caballos heridos era brutal, los relinches, los gritos de los soldados caídos, los cosacos rusos empezaron a cargar fusilerías, quedaban aún supervivientes.
Los dragones ligeros cargaron contra los servidores de las baterías, el esfuerzo fue tenaz, los jinetes se iban reagrupando en la medida de sus posibilidades, diezmados por los rusos y con un terreno poco visible a consecuencia del polvo generado. Los fusileros de las baterías abandonaron el campo de batalla.
El 8º Regimiento de usares llega en el mejor momento, con sus jinetes prácticamente intactos, cobran venganza de los dragones ligeros caídos en el combate cuerpo a cuerpo, la batalla duró 20 minutos.
Fue el combate más brutal e inútil que ha visto la historia porque la batalla de Balaclava estaba ya prácticamente ganada cuando se tomó esta decisión errónea.
Cuando se retiraron los jinetes, exhautos y extremecidos, de los 673 solo quedaron vivos para contarlo 195, se dió la orden de retirada y la noche cedió a la paz, el campo quedo cubierto por las víctimas, la guerra de Crimea por supuesto continuó todavía un par de años.
A partir de entonces se empezó a poner en duda el papel de la caballería en los campos de batalla con las innovaciones militares en auge en aquella época, el principio del fin de la caballería en la guerra comenzaba.
Aquel acto conmovió a la sociedad británica de la época; poemas épicos y cantares narraron aquella carga inútil que sirvió a Lord Alfred Tennyson a escribir el poema de "La Carga de la Brigada Ligera":

“¡Adelante, Brigada Ligera!”
“¡Cargad sobre los cañones!”, dijo.
En el valle de la Muerte
cabalgaron los seiscientos.
“¡Adelante, Brigada Ligera!”
¿Algún hombre desfallecido?
No, aunque los soldados supieran
que era un desatino.
No estaban allí para replicar.
No estaban allí para razonar.
No estaban sino para vencer o morir.
En el valle de la Muerte
cabalgaron los seiscientos.
Cañones a su derecha,
cañones a su izquierda,
cañones ante sí
descargaron y tronaron.
Azotados por balas y metralla,
cabalgaron con audacia
hacia las fauces de la Muerte,
hacia la boca del Infierno
cabalgaron los seiscientos.
Brillaron sus sables desnudos,
destellearon al girar en el aire
para golpear a los artilleros,
cargando contra un ejército,
que asombró al mundo entero:
zambulléndose en el humo de las baterías
cruzaron las líneas.
Cosacos y rusos
retrocedieron ante el tajo de los sables.
Hechos añicos, se dispersaron.
Entonces regresaron, pero no,
no los seiscientos.
Cañones a su derecha,
cañones a su izquierda,
cañones detrás de sí
descargaron y tronaron.
Azotados por balas y metralla,
mientras caballo y héroe caían,
los que tan bien habían luchado
entre las fauces de la Muerte
volvieron de la boca del Infierno.
Todo lo que de ellos quedó,
lo que quedó de los seiscientos.
¿Cuándo se marchita su gloria?
¡Oh qué carga tan valiente la suya!
Al mundo entero maravillaron.
¡Honrad la carga que hicieron!
¡Honrad a la Brigada Ligera,
a los nobles seiscientos!”
El «Valle de la muerte», donde la batalla tuvo lugar


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