El término humano, en el contexto de su evolución, se refiere a los individuos del género Homo. Sin embargo, los estudios de la evolución humana incluyen otros homínidos, como Ardipithecus, Australopithecus, etc.
Australopithecus
Género de homínidos que apareció hace cuatro millones de años y son anteriores al homo.Tenía un cráneo aplanado, con mandíbula prominente, una reducida cavidad encefálica y una pelvis que le permitía deambular en bipedestación. En 1924 Raymond Dart descubrió en Taung (Sudáfrica) un cráneo fósil infantil que determinó al año siguiente como Australopithecus africanus.
Niño de Taung
Homo habilis
Homínido de características intermedias entre el Australopithecus y el Homo erectus.
La especie Homo habilis fue propuesta en 1964 por Louis Leakey, Phillip Tobias y John Napier a partir de restos fósiles descubiertos en Olduvai (Tanzania).
Su nombre significa «hombre hábil» y hace referencia al hallazgo de instrumentos líticos probablemente confeccionados por éste.
Se observa en ellos un importante incremento en el tamaño cerebral con respecto a Australopithecus.
Las principales características son las siguientes:
- Cráneo más redondeado.
- Incisivos espadiformes.
- Molares grandes y con esmalte grueso.
- Foramen magnum (hueco occipital) ubicado más hacia el centro.
- Rostro menos prognato que los australopitecinos.
- Incisivos más grandes que los australopitecinos.
- Cara corta.
- Dedos curvos de pies y manos: lo que indicaba que aún utilizaban los árboles.
- La posición bípeda en las hembras provoca una reducción de la pelvis que tiene como consecuencia un adelanto de los partos (lo cual implica prematuración del neonato, un mayor tiempo dedicado a la crianza y así la necesidad de mantener vínculos sociales fuertes que potencialmente coadyuvan al desarrollo de una cultura).
- Mayor capacidad craneal 650 cm³.
Reconstrucción facial del Homo habilis.
Homo erectus
Apareció hace millón y medio de años. Con un cráneo y una mandíbula aún primitivos, tenía una pelvis moderna y andaba erguido. El hallazgo en Java de restos fósiles del Pithecanthropus erectus por el anatomista holandés Eugene Dubois, a finales del siglo XIX, tuvo un gran impacto que sobrepasó el ámbito científico.
En la década de los años veinte en las excavaciones efectuadas en Zhoukoudian, cerca de Pekín, se encontraron restos fósiles a partir de los cuales el anatomista canadiense Davidson Black determinó el género Sinanthropus pekinensis Pithecanthropus erectus y otros fósiles se han agrupado bajo la denominación Homo erectus.
Reconstrucción Homo erectus
Homo erectus, Dubois, 1892
Homo rhodesiensis
Fue hallado por primera vez en 1921 en Broken Hill, en la antigua Rhodesia del Norte (actual Kabwe, Zambia), de ahí su nombre. Presenta rasgos morfológicos comunes con otras especies del género Homo que parecen “arcaicos”, por lo que se les ha querido agrupar bajo Homo heidelbergensis, aunque también se sigue proponiendo adscribirlo a Homo erectus.
Homo neanderthalensis
Inicialmente considerada una especie diferente de Homo sapiens, en 1964 se propuso adscribirla a ella como la subespecie Homo sapiens neanderthalensis, pero hoy se acepta su especificidad con su denominación original de 1864 Homo neandrthalensis. Apareció hace unos 100.000 años. Su cráneo presentaba notables diferencias con el hombre actual: torus supraorbitario macizo en forma de plataforma ininterrumpida por encima de las órbitas, mandíbula robusta sin eminencia mentoniana, etc. Sin embargo, su capacidad craneal es comparable a la del hombre actual. El episodio clave en los orígenes de la Paleontología humana fue el hallazgo en 1856 de restos humanos en una cueva del valle Neander (Alemania). La controversia se inició al presentarse los ejemplares a la comunidad científica como huesos humanos antiguos pertenecientes a alguno de los primitivos habitantes “salvajes” de Europa. Hubo quienes pensaron que los restos no eran humanos por el parecido de sus cráneos a los de gorilas y chimpancés. Para otros, los huesos habrían pertenecido a un hombre moderno con alguna deformidad patológica aquejado de idiotez y raquitismo. Incluso se llegó a sugerir que los restos podrían corresponder a algún jinete cosaco que habría acampado en esos lugares en 1814 y se habría ocultado enfermo en la cueva, donde murió. El examen de un cráneo olvidado (Gibraltar, 1848) apoyó las tesis de que el de Neander no era un caso singular, sino que una antigua “raza” parecía haberse extendido desde el Rhin hasta el sur de la Península Ibérica. William King propuso entonces, 1864, la denominación Homo neanderthalensis.
Homo neanderthalensis 1864
El Hombre de Cromagnon (Homo sapiens)
En 1868, en la cueva de Cro-Magnon (Les Eyzies, Dordogne, Francia) se descubrieron restos óseos de cinco individuos de diferentes edades y sexos, en un lugar de difícil acceso a través de un espacio muy estrecho. Al fondo se encontraba el cráneo de un anciano y, alrededor, los esqueletos de otros cuatro individuos, uno perteneciente a una mujer con una herida profunda en la frente y, a su lado, el de un niño en avanzada fase de desarrollo fetal. En medio de los restos humanos había conchas marinas agujereadas para servir de adorno en collares y brazaletes, además de un amuleto hecho de marfil de elefante, cornamentas de ciervos y restos de otros animales, y raspadores de sílex. Fueron estudiados por Louis Lartet. Nos encontramos ante el hombre moderno.
Cro-Magnon, 1868. Homo sapiens
Los sapiens presentan las siguientes características físicas: cráneo alargado, la frente alta y la bóveda más elevada que los neandertales, las protuberancias supraorbitarias bien marcadas, pero no en burlete ni en torus, la cara ancha, la nariz estrecha, apreciable prognatismo, órbitas bajas y rectangulares, y mandíbula robusta con mentón prominente. Las tibias muy aplanadas transversalmente (platicnemia). Su estatura puede superar los 1,80 metros y su capacidad craneal es de 1.600 cm³.
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